Buenos Días Tristeza
Acostumbrarse a tí es un ejercicio que lleva tiempo, requiere de paciencia y una infinita capacidad para ceder a tus deseos.
Te acercas a tu presa con lentitud, con la insistencia de un pájaro carpintero que a pequeños golpecitos acaba por agujerear el espacio con destreza de ingeniero y el surco que produces sin tener prisa (porque sabes que lo conseguirás) aún en el caso de ser tapado deja una marca cóncava; como si quisieras dejar huella a tu paso, como si tuvieras inteligencia propia.
Abandonarse en tus brazos tiene mucho de rendición e incluso, a veces, de reposo del guerrero. Acunando al que se halla contigo, amándole como sólo tú sabes hacerlo...con esa posesión del mal amante que cree en el amor apabullante y sin un ápice de caridad, porque está convencido que sólo de esa forma se ama de verdad.
Pides absoluta atención sobre tí; si tú existes ya no puede haber nada más; anegas todo como la nada y nos haces viajar al más recóndito lugar de nosotros mismos obligándonos a girar la cara y encontrarnos de frente con el vacío que más nos asusta y que evitamos mirar por si nos convertimos en estatua de sal.
Sé que regresarás otra vez a seguir con tu misión, aunque espero que sea más tarde que pronto y aunque no deseo tu presencia, prefiero ser tu amig@ a tu enemig@, por eso me despido de tí como de alguien conocido...
Buenos Días, Tristeza.
- Publicado: 2.7.2008 GMT
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